Rafael Maldonado – Escritor : Próspero viento

Próspero viento

Rafael García Maldonado | 22/12/2025

La Versalita, Canal Sur.

21.12.25

 

PRÓSPERO VIENTO.

Una vida política (Esfera de los Libros)

Andrés Trapiello, 2025

Los lectores de Andrés Trapiello, sobre todo de sus diarios, creíamos saberlo todo o casi todo de él, y tal vez estábamos equivocados. Por ello quiero recomendaros hoy Próspero viento, su último libro, porque Trapiello cuenta en él, resumidamente, lo que ha sido su vida política, ideológica, acaso pública. Una vida política, que es el subtítulo del ensayo, que se inicia en una primera juventud entre Madrid y Valladolid militando en la extrema izquierda antifranquista y que podría decirse que termina, andando el tiempo y los desengaños, más que en la derecha, en un centro socialdemócrata y liberal antisanchista, que por resumirlo se suele llamar a eso derecha o partido conservador: esto es, el PP. Insistirá mucho el autor de Salón de pasos perdidos en que el socialismo al que votó durante muchos años dio a España los mejores años de su historia reciente con los gobiernos de Felipe González, y que desde Zapatero el partido se ha convertido en otra cosa, hasta degenerar en lo que estamos viviendo ahora, algo imposible de describir para un escritor como yo. Estamos, no se olvide, en el año Franco, celebrando la muerte de un dictador que, ya lo decía Antonio Banderas, estaba más muerto en los 80 que ahora. Quien no quiera ver de dónde y de quiénes vienen determinados auges extremistas, está ciego.

Vengo de Sevilla, de fracasar literariamente en Sevilla en jerga taurina, y en Sevilla dije en una entrevista, algo que el periodista resaltó en negritas, que quien piensa igual que a los veinte años es un cretino, algo que sigo creyendo, de la misma forma que me parecen ridículas esas personas que te dicen que tienen unas convicciones y que de ellas no se bajan, como si el hecho en sí de tenerlas indicara que éstas son buenas o respetables. ¿Acaso Goebbels y Goering no tenían férreas convicciones? ¿No las tenían Mao o Stalin? ¿No las tienen Otegi y Abascal? Y no, tampoco son respetables todas las opiniones, y quien quiera rebatirme esto último que pruebe a ir por la calle cantando las maravillas de la pederastia o del canibalismo. Todo esto es para decir que me ha gustado mucho el libro, que es sobre todo un libro literario, un ensayo biográfico o unas memorias con un estilo de realismo cristalino, no exento de pinceladas de poesía marca de la casa, y una vida política contada con honestidad e ironía cervantina hacia sí mismo. La edición, con impagables fotografías, es de lujo.

Siempre he tenido la convicción de que Trapiello, Savater, Pardo y Azúa, por hablar sólo de los cuatro expulsados de El País por sus aceradas críticas a Pedro Sánchez, sobre todo, ideológicamente no se han movido, sino que, como bien dice Andrés, es el Psoe quien lo ha hecho, abandonando la socialdemocracia que mejores años nos dio por un populismo extraño que ya sólo puede llegar al poder con ayuda de lo peor de casa casa, y que sigue en la Moncloa a cambio de los votos de la derecha xenófoba de Junts y merced a una amnistía corrupta. En tiempos como estos, hay que tomar partido. 

Como he venido a hablar de literatura, vuelvo al comienzo para decir que quienes lean al Trapiello diarista encontraran aquí datos, páginas y fragmentos que o bien yo no leí en su día o no recordaba, y de lo mejor de Próspero viento, que es un complemento perfecto de su proyecto diarístico, es la ternura con la que habla de su padre Porfirio García, falangista durante la guerra y mudo sobre el conflicto el resto de su vida, como mis abuelos y tantos otros que decidieron callar primero y perdonar después (hasta que se reabrieron las heridas con la oximorónica memoria histórica). El periplo familiar por León y la ya indisociable de él Manzaneda de Torío, la fuga de casa muy joven junto a su hermano, el malvivir en Madrid, la decepción estudiantil con Valladolid (ciudad sin sentido del humor), la vida laboral precaria y a salto de mata hasta una edad considerable, el noviazgo y el largo y feliz matrimonio con Miriam, de quien no se ha separado ni en los actos literarios todavía hoy, Las Viñas, los hijos Rafael y Guillermo y los clásicos Unamuno, Baroja, Azorín, Ramón Gaya, Juan Ramón y cómo no Cervantes hacen su aparición en una vida que, con todo, ha sido más literaria que política.

Lo que más me ha gustado del libro es la valentía. No la de escribirlo, sino la de haber vivido como ha vivido, no queriendo convencer a nadie de nada pero queriendo ser escuchado con respeto, y cambiando de opinión y de voto cuando las circunstancias lo merecían, perdiendo por el camino lectores, amigos y trabajo. No conozco mucha gente así, que ponga por encima la verdad y la justicia, es decir, la libertad y la democracia, a sus inmediatos réditos personales. Trapiello ha hablado y escrito mucho de una generación, la del 98, que a su juicio –y al mío- es mucho mejor que la del 27, por ejemplo. En aquella época el ateneo madrileño era una extensión más del Congreso, y no era tan clara la diferencia entre políticos e intelectuales. Pensé en ello cuando lo vi arengando a las masas en la plaza de Colón: quizá sin pretenderlo hizo un homenaje a aquellos hombres irrepetibles que usaron su prestigio literario para mejorar España.

 

pviento

 

 

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