El tiempo de los lirios
La Versalita, Canal Sur, 28.12.25
EL TIEMPO DE LOS LIRIOS
(Periférica, 2024)
Vicente Valero
Hoy quería recomendaros, como último libro del año, una obra maestra que está en todas las librerías, grandes superficies, gasolineras y tiendas de barrio. Se llama Vera, una historia de amor, y la firma un tal Juan del Val… (Hasta ahí mi inocentada).
Vayamos de verdad a la literatura. No soy lector de hacer listas a finales de año, y es posible que sea de los pocos obsesivos y contumaces lectores que no tiene esta manía: lo leído queda, además de dentro de uno, dentro de las páginas de mis diarios. Reseñas que hago, como diría Pessoa, cantando lento, para mí solo, por si algún día lo publico. Ahora también hago algunas en la radio y no quería despedir este 2025 sin hablar de uno de los libros que más me han gustado este año, aunque se publicara a finales del pasado, y se trata de El tiempo de los lirios, del ibicenco Vicente Valero, editado por la sensacional Periférica. Cayó en mis manos porque me habían gustado mucho libros suyos como Los extraños y Duelo de alfiles, y también porque era una época en la que había leído mucho a San Juan de la Cruz y bastante sobre Francisco de Asís. Me habéis oído aquí estos meses hablar bien de esos géneros híbridos que mezclan el diario íntimo, la memoria y el libros de viajes, y éste es uno de esos ejemplos conseguidos de magnífica literatura que alternan el paisaje y el paisanaje, es decir el mundo exterior, y lo sentido o mundo interior.
Decía Pla, cuenta Valero, que tras una breve estancia en Asís en los años 50 se dio cuenta de que la Edad Media tendría cada vez más admiradores, y que se tendría por una época deliciosa, e idílica. No sé si exageraba el viejo payés, pero algo de eso hay. El libro es sencillo y poético, porque Valero es de esos prosistas que se nota que antes han sido poetas, y trata de un pequeño viaje por la Umbría, una zona del mundo asociada indefectiblemente el santo de Asís. En teoría Valero va en busca de las huellas del santo con vocación de pobre entre los pobres, pero se encuentra con un paisaje y unas sensaciones que lo hacen, quizá sin pretenderlo, volver de alguna forma a la fe perdida de la infancia, algo que me recordó al Cuartango que recientemente ha escrito sobre Dios. No es ni de lejos un libro religioso, pero también bucea en eso, en la busqueda de sentido, en el significado de la fe, la belleza, la poesía. Es también un repaso histórico por una época, el siglo XIII, donde lo prestigioso merced Francisco no era ser pobre, sino pobre entre los pobres, porque el movimiento franciscano no fue un simple movimiento religioso que se expandía bajo la protección y la dirección de la Iglesia Católica: era una nueva religión con un nuevo Cristo y una nueva revelación. Un santo que predicaba, al decir de Simon Weil, una mezcla de estoicismo griego y evangelio literal, sin glosa; y que acabó siendo algo que ni existía: una mezcla de predicador laico y monje urbano, de mendigo y de apóstol.
Por esos caminos y pueblos bellísimos de la Umbría -Perugia, Asís, Spoleto, Gubbio- pasea Valero con los ojos y el espíritu abiertos, libreta en mano, dejándose llevar, charlando con unos y con otros, recordando lances, lecturas, creencias y amores, y nos regala este libro escrito casi en silencio de franciscano, como uno más de los seguidores de Francisco al que hubieran dejado papel y lápiz en la famosa iglesia Porciúncula. En el siglo XIII muchos creyeron que comenzaba una nueva era para la humanidad, el tiempo de los lirios, un tiempo nuevo, lleno de paz y justicia, con una Iglesia renovada y un mundo organizado en pequeñas comunidades contemplativas. No era mala cosa, y éste es un libro delicioso sobre la mejor forma de resistencia en estos tiempos acelerados, vacíos y descreídos, con el que quiero desear a los oyentes un feliz 2026. 